No somos iguales – culturas jerárquicas vs culturas igualitarias

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interculturalidad

No somos iguales. Es un hecho y cada sociedad tiene que buscar una forma de gestionar todas las cuestiones que derivan de la desigualdad entre personas. Algunos son  más altos, guapos, inteligentes, ricos, afortunados. Algunos mandan y otros tienen que obedecer.

Los expertos en interculturalidad como el antropólogo Geert Hofstede miden la “distancia” entre la igualdad o desigualdad de las personas. Nos explican que hay grandes diferencias entre diferentes países donde las personas exigen más o menos igualdad. Por ejemplo:

  • En un país donde las personas rinden homenaje a la igualdad, un empleado puede criticar al jefe – y es precisamente lo que el jefe espera de él o de ella.
  • Pero en el otro extremo, dentro de una jerarquía, es poco probable que un empleado se atrevería a criticar a su jefe – y él tampoco lo esperaría.

Culturas jerárquicas vs culturas igualitarias

Hay una gran diferencia entre culturas que aceptan una jerarquía del poder y las que prefieran mayor igualdad entre personas.
Cada vez que llegues a un país diferente, entras en una nueva dinámica del poder. Las culturas del mundo son diferentes en su actitud hacía la desigualdad. Hay sociedades más jerárquicas donde las personas aceptan más que unos están por encima de otros; contrastan con otras sociedades donde las personas valoran más la igualdad entre personas y quieren repartir el poder y la toma de decisiones.

Según el profesor Brooks Peterson, una cultura que idealiza la igualdad, quiere que la gente sea autosuficiente en el trabajo. Quiere que las personas tengan la libertad para desafiar las opiniones de los que tienen “el poder”. Y también prefiere que los trabajadores jueguen un papel flexible en la empresa. En el otro extremo, las culturas que aman las jerarquías, quieren empleados que obedezcan a sus superiores. Exigen que los trabajadores respeten las opiniones de sus jefes. Además prefieren que las personas jueguen roles muy concretos y definidos: el camarero se ciñe a un papel de camarero muy determinado; el médico “habla como un médico”; la secretaría sabe exactamente lo que se espera de ella.

Cambiar de un país más igualitario a otro más jerárquico

¿Cómo es la experiencia de dejar una cultura que acepta la jerarquía para vivir y trabajar en una cultura que no solo idealiza la igualdad, sino que rechaza el más mínimo indicio de jerarquía (a pesar de que siga existiendo)?

Primero hay que matizar: casi nunca se trata de que un país sea totalmente jerárquico o totalmente igualitario. Generalmente tenemos un país donde el poder está más marcado y visible, comparado con otro donde se respete menos y se ve menos…

Entonces, si es más aceptable reconocer y respectar el poder en tu cultura y vas a otro donde es menos aceptable, lo más probable es que te sientas un poco perdido al principio. Puede que esperes más liderazgo por parte de tu jefe. Es posible que quieras un poco más de supervisión. Y, por otra parte, puede que tu jefe te vea demasiado sumiso, respetuoso – y que quiera conocer tus opiniones con menos filtros.

Hay toda una diferencia entre la organización del trabajo en un país de poder jerárquico y otro de poder repartido de forma más igualitario.
Puede que te cueste mucho cambiar de un país más jerárquico a otro más igualitario, o al revés. El juego del poder es una dimensión fundamental de nuestra cultura. Engloba nuestros valores más preciados y nuestras creencias más sagradas.

Mi propia experiencia

Mi propia experiencia ha sido la de salir de una cultura más igualitaria – la de los Estados Unidos – para instalarme en otra más jerárquica, España. Y quiero dejar claro que mi cultural natal no es la más igualitaria del planeta. Y la cultura española no es la más jerárquica. Pero hay una diferencia que me sorprendió (y me sigue sorprendiendo).

Mi primera sorpresa fue el uso del “tú” o del “usted”, que se usa cada vez menos. Pero el simple hecho de que podrías diferenciar entre personas y su posición y reflejarlo en tu lenguaje me chocó. Me resistí el uso del usted (lo formal en España) durante muchísimos años. Todavía lo utilizo muy poco porque me hace sentir incómoda.

Todavía estoy intentando comprender el rol del jefe en España, porque noto que aquí el jefe suele destacar y diferenciarse de los demás. Y yo – que soy de Seattle – estoy más cómoda con lo que llamo “el modelo Bill Gates”. Es decir,  ese jefe tan famoso se ve en la cafetería comiendo al lado de sus empleados, vestido como ellos, presumiendo de ser “uno más” – y nada más.

¿Es uno más, Bill Gates? No. Pero nos encanta pensar que sea así. Y nos encanta verle portarse así. Es un ideal cultural hecho visible.

No somos iguales en ninguna parte. Pero, lo que marca la diferencia es hasta qué punto aceptamos o no este hecho.

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