Relaciones internacionales: ¡Aprender comiendo!

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La comida nos enseña mucho sobre la cultura de las personas de cualquier país.

Si quieres triunfar en las relaciones internacionales tienes que entender a otras culturas. Y ¿qué mejor manera que comiendo y aprendiendo sobre todo lo relacionado con su alimentación?

El objetivo de esta entrada es explicarte cómo indagar en una cultura a través de su comida. Pero te invito a que leas el articulo completo porque también compartiré mis experiencias con la alimentación en España y en la que vivi en los Estados Unidos.

El iceberg como metáfora para estudiar la cultura

Vamos a volver a la metáfora del iceberg cultural para entrar en el fascinante mundo de la comida. Es un fenómeno universal que se manifiesta de manera muy diferente entre una cultura y otra.

Cuando llegues a cualquier país, fácilmente observas los aspectos de la comida que están por encima de la superficie:

La cultura gastronómica y alimentaria de un país ofrece muchas lecciones interculturales.

Cualquier turista puede probar los platos típicos. En Japón puede sentarte en el suelo. En China luchará con los palillos. En algunas zonas de India quizás pruebes a comer con las manos. Te sorprenderá no solo con los ingredientes y los utensilios, sino también con los horarios de las comidas, los ritos, los costumbres y mucho más.

Degustar la cultura alimentaria de un país es fascinante. Pero allí en la superficie del iceberg cultural aprendemos poco más que unas anécdotas. Las lecciones más deliciosas nos esperen por debajo de la superficie, en las normas, los valores, las creencias, actitudes y la filosofía vital detrás de lo que vemos.

Los valores culturales se ven en nuestra manera de comer.

Normas: ¿Cuáles son las normas?

Cuando profundizamos en una cultura, lo primero que encontramos son sus normas. En cuanto a la comida, conviene buscar las normas para elegir, preparar, servir, comer y compartir la comida. Recomiendo hacer preguntas para descubrir todos los “hay que”  relacionadas con la comida:

  • ¿Qué es lo que hay que comer? (Conviene hablar con las madres de tu nuevo destino…)
  • ¿Cómo hay que preparar y servir los alimentos?
  • ¿Cómo hay que comer? ¿Con qué utensilios? ¿Cuál es la etiqueta?
  • ¿Con quién hay que comer? ¿Está bien visto comer solo? ¿En qué condiciones?

Ahora sí, nos estamos adentrando en la cultura, pero lo mejor está por venir. Porque hasta ahora hemos conocido un montón de interrogantes; buceando a niveles cada vez más profundos vamos a llegar a los “porqués”.
Los valores culturales se pueden estudiar comiendo, viendo la etiqueta que las personas de una cultura utilizan a la hora de sentarse en la mesa.

Valores: ¿Qué les importa a estas personas?

Tanto tu cultura como la mía tienen normas que reflejan los valores de nuestro grupo. Las sociedades que valoran mucho el grupo (por encima del individuo) tienden a comer juntos. Pero, lo que he descubierto en España, no solo comen juntos sino que prefieren comer juntos. Y hay hasta normas, invisibles, no escritas, por debajo de la superficie, que refuerzan los valores de la mayoría…

En una sociedad como los Estados Unidos, donde valoran los derechos individuales por encima del grupo, es fácil encontrar a personas comiendo solas. Y es porque hay toda una serie de normas que les lleven a esa situación (y con mucho gusto).

Para seguir aprendiendo sobre la cultura de tu destino recomiendo preguntar: ¿Qué valores encuentro para explicar las normas aquí? Es posible que tengas que hablar con muchas personas e incluso vivir una buena temporada en el país para llegar a este nivel.

Creencias: ¿Cuál es la verdad para estas personas?

Todas las sociedades tienen creencias: sus verdades. Pueden ser religiosas o no. Lo relevante para nosotros es averiguar las creencias sobre la comida o que afectan la gastronomía o la alimentación de alguna manera:

  • ¿Hay tabús religiosos que prohíben o exigen ciertos ingredientes o comidas?
  • ¿Hay creencias religiosas detrás de algunas tradiciones o ritos?
  • ¿Qué creencias sobre la comida te sorprenden?

Cuando estaba aprendiendo español, tuve la experiencia tan singular de vivir con una familia española, con una maravillosa madre de origen mediterráneo que se preocupaba muchísimo por mi alimentación. La pobre estaba escandalizada con mis ideas (equivocadas, en su opinión) acerca de la comida. Y yo, estaba igualmente escandalizada con sus ideas. Fue un choque de creencias. Lo voy a comentar en otro artículo, pero solo comentaré un ejemplo:

Ella creía que “toda la comida es buena” y “hay que comer de todo, pero de todo” decía. Yo, por otra parte, creía que “había comida buena y comida mala” y que “cada uno tiene que comer lo que se cree conveniente para él o para ella” es decir “la alimentación personalizada”. Como veís, no nos poniamos de acuerdo.

Fue un choque entre una creencia más tradicional y colectivista y otra más individualista… Todo un aprendizaje intercultural para las dos, pero sobre todo para mi, porque gracias a mis estudios de antropología, comprendí un poquito mejor lo que estaba ocurriendo.

 Actitudes: ¿Qué es bueno, malo, normal, raro?

Aquí encontramos nuestro viejo amigo el “etnocentrismo”, donde las personas de cada cultura saben con certeza que lo suyo es el centro del universo. En el caso de la gastronomía y todo lo que tiene que ver con la alimentación, verás como las personas de cada país creen que lo suyo es lo mejor del mundo. En muchos lugares (si no todos), hasta se ofendan si no estás de acuerdo. Conviene conocer a fondo las actitudes de las personas hacía su comida haciendo preguntas como estas:

  • ¿Qué comidas son buenas? ¿Porqué?
  • ¿Qué comidas o tipos de comida son malas? ¿Porqué?

Y luego, hay que observar  para averiguar lo que consideran normal o raro a la hora de comer. De allí puedes llegar otra vez a  descubrir sus normas: ¿A qué hora es normal comer? ¿Qué constituye un desayuno normal? ¿Qué comes tú que les parece raro? Así también profundizarás en sus valores y sus creencias, quizás.

 Filosofía de vida: ¿Cómo funciona esta vida?

Según los expertos, cada cultura tiene su propia filosofía para gestionar las grandes cuestiones de la vida. Sobre todo para tratar el problema de control: ¿Hasta qué punto estamos a la merced del destino? ¿Podemos controlar y dirigir nuestras experiencias, cambiando nuestras circunstancias y hasta el curso mismo de nuestra vida?

La filosofía también se ve en la comida: ¿hay que comer lo que hay y aceptarlo tal cual? O ¿vale la pena estudiar, planificar y controlar la comida para así vivir más y mejor? Cuando llegue a España por primera vez hace 25 años, me encontré con una actitud más fatalista hacía la comida: “Hay que comer todo porque sí, y porque es lo que hay.” Hoy eso está cambiando, quizás porque la sociedad se está haciendo más rico con más formación. Y estamos cada vez más lejos de una guerra civil que obligaba a la población a comer lo que había sin protestar.

¿Hay un método eficaz para estudiar la cultura a través de la comida?

El mejor y más divertido método, en mi experiencia, es de arriba hasta abajo. Me encanta comenzar con cualquier aspecto de la cultura gastronómico que encuentro en la superficie del iceberg. A partir de allí, lo investigo en todas sus facetas. Bucear en las profundidades de su historia, su importancia en España (en mi caso) o en Estados Unidos (como todavía estoy explorando mi cultura natal, ahora desde fuera), las creencias sobre ella, el motivo de cualquier etnocentrismo que detecto ¿porqué, exactamente, creen los españoles que el jamón serrano es la delicia más exquisita del mundo entero? Y me pregunto si la filosofía de vida influye de alguna manera visible o invisible.

En mi caso, tengo la gran suerte de compartir mesa y mantel con nativos todos los días (tanto en casa como fuera). Aprovecho para preguntar y sobre todo observar y lo confieso: a veces incluso cuestionar o hasta discutir. La comida siempre es un tema que da que hablar.  Pero sin ninguna duda, comer juntos, es una estupenda manera de cultivar las buenas relaciones internacionales.

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