9 Dilemas de los expatriados

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El expatriado tiene que solucionar numerosos problemas durante su estancia en el extranjero.

Hay muchos tipos de expatriados: profesionales que pasan una temporada fuera de sus fronteras, estudiantes internacionales, emigrantes de larga duración. Y también hay los que acaban pasando el resto de su vida en el extranjero. Todos han emprendido un camino con muchas ventajas. Pero todos también tienen en común una serie de dilemas que forman parte de la experiencia de pertenecer a más de un lugar del mundo. A continuación ofrecemos una mirada a la otra cara de la realidad de vivir en el extranjero…

Skype, Facetime, WhatsApp y Facebook no son sustitutos perfectos

La tecnología ha revolucionado la vida del expatriado. Podemos estar en contacto con nuestros familiares y amigos como nunca antes. Pero, no es lo mismo que el roce diario. Sobre todo, no puede cerrar la brecha que se va abriendo entre nosotros y nuestros seres queridos. Ellos siguen por más o menos el mismo camino, mientras que nosotros vamos en dirección contraria, y muchas veces en el carril de alta velocidad.

Un dilema de los expatriados es mantener sus vínculos con amigos y familiares.

Ser expatriado puede costar muy caro

Suele costar caro ser emigrante, expatriado, estudiante internacional… lo que sea. Por un lado añoras muchas cosas de tu país natal, sobre todo los sabores de tus platos y productos preferidos. Los ingredientes tan cotidianos en tu país son productos exóticos, importados en tu país destino. Prepárate para pagar más por todo lo que añores, por el placer más sencillo, barato y básico allí en tu país de origen.

Y por otro lado vienen los viajes a casa. Querrás volver quizás una vez al año y luego habrán viajes extraordinarios: para el funeral de la abuela, la operación de tu madre, el nacimiento de tu sobrino. Los viajes internacionales son un lujo para la gran mayoría de las familias en el planeta y cuanto más sois, más os costará.

Los expatriados viven entre dos mundos

Si la cultura es como un especie de juego, y el juego cambia en cada país, el expatriado está viviendo entre (por lo menos) dos juegos. Hay que hacer malabares para adaptarte primero a las reglas de tu nuevo destino, y luego para readaptarte a tu país de origen cada vez que vuelvas.

Las familias internacionales que viven entre dos culturas suelen desarrollar una cultura híbrida dónde adoptan lo que mejor les funcione de cada una de sus culturas. Al final se sienten cómodos en cada cultura, pero no encajan perfectamente en ninguna de las dos (o tres o más). El gran dilema es que no siempre se entienden tan bien con otras familias que no comprenden la internacionalización. De ahí que estas familias de culturas híbridas suelen juntarse con otras familias internacionales a pesar de que cada una está confeccionando su propia microcultura…

Los expatriados viven entre dos mundos y tienen que superar retos y solucionar dilemas.

Vivir en el extranjero fomenta la doble visión

Como expatriado el relativismo cultural forma parte de tu vida (si has logrado adaptarte a tu país destino y aceptar que hay otras formas perfectamente válidas de ver y hacer casi todo). La perspectiva que ganas en el extranjero es un tesoro, pero también puede ser fuente de conflicto, puedes ofender a las personas monoculturales cuando pones en cuestión sus ideas tan claras sobre el funcionamiento del mundo y de la vida.

Siempre encontrarás alguna excepción, una persona que aprecia las ideas tan distintas que puedes aportar, pero la gran mayoría de las personas monoculturales no están preparadas ni para conocer tu perspectiva. Y es frustrante no poder compartir lo que ves con los demás.

Todo expatriado desarrolla una doble identidad

¿Estás de acuerdo o no con ese titular? ¿Crees que desarrollarás otra identidad en tu nuevo país de destino? O quizás ya tienes la experiencia de vivir años fuera de tu país y de desarrollar otra identidad nueva o sentir que sigues siendo exactamente lo mismo. ¿Sería posible?

  • Cómo te ves tú: por un lado, es posible que te veas distinto en el país destino, que tú mismo te sientes como una persona diferente en diferentes contextos.
  • Cómo te ven los demás: quizás lo más sorprendente es como te ven los demás. En tu país de origen seguirán viéndote como la persona que siempre han conocido, distintivo añadido de vivir en el extranjero, por supuesto. Pero en tu nuevo país, es normal que te ven de otra manera porque te están evaluando desde otro punto de vista, otros valores, otra experiencia.

La doble identidad del emigrante, expatriado o incluso estudiante internacional que ha logrado una inmersión completa durante su estancia, puede ser fuente de orgullo, sorpresa, confusión o diversión…

El expatriado vive el choque cultural en el país destino y a la vuelta de casa.

El choque cultural no termina nunca

Hemos visto que el choque cultural podría pasar por diferentes etapas o fases. Pero lo curioso es que los investigadores han notado que la duración del choque cultural se adapta a nuestra estancia en otro país. Hoy en día se están explotando las primeras teorías sobre este fenómeno precisamente por la dificultad para explicar cuanto dura más o menos, dependiendo de nuestro billete de vuelta.

En realidad, el choque cultural es un estado de shock que experimentamos cada vez que nuestros valores y creencias más preciados se ponen en cuestión.

Así es que el expatriado puede vivir un choque cultural interminable: mientras que sigua profundizando en la cultura de su destino, seguirá tropezando con nuevas ideas que provocan confusión, rechazo, sorpresa o lo que sea.

Y es bien sabido que cuando volvemos a casa, a nuestro país de origen, nos espera el choque cultural al revés: cuando vemos nuestra cultura natal con nuevos ojos comenzamos a cuestionarlo todo allí también.

A veces te sientes como un alienígena en tu país natal

Esto sí es un dilema:Volver a tu zona del confort para encontrar que las cosas han cambiado. Como nos aseguran los antropólogos, los valores profundos de una cultura no suelen cambiar a corto plazo. Los cambios suelen ser a nivel superficial: la tecnología, las formas de pago, las casas nuevas, el tráfico redirigido, cambios en los comercios. Pero el efecto es lo mismo: volvemos a casa solo para sentirnos desubicados, fuera de lugar, perdidos.

Cuanto más años pasan, más cambiado vamos a encontrar a todo lo que hemos dejado atrás. Es un hecho de la vida.

El expatriado soporta una doble carga burocrática

El expatriado tiene que gestionar el doble de burocracia.Es muy sencillo, dos países, dos veces la burocracia. Ser expatriado es un ejercicio en el arte de cumplir formularios, gestionar papeleo y manejar laberintos legales para buscar el mejor camino. Es el lado más pesado y desagradable de la vida internacional, pero un mal necesario para disfrutar de los grandes ventajas de vivir en el extranjero.

Ser expatriado es como escalar una montaña. Llegarás más alto cuanto más tiempo pases fuera de tu país y cuantas más culturas vivas a fondo. Los dilemas aquí expuestos son las espinas que tienes que aguantar, los precipicios que tienes que atravesar y las alturas a las que te tienes que adaptarte. Pero las vistas allí arriba son preciosas.

Los beneficios son reales.

El gran dilema es saber que no hay marcha atrás…

Una cosa es si puedes o no volver a “casa”, otra es, si puede volver a ser quién fuiste antes de vivir fuera de tu país. Muchos son los que vuelven a casa, pero ninguno vuelve a ser igual. Es el dilema más bonito de esta emocionante experiencia.

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