Entrevista a Raúl Velasco: La vida de un ingeniero español y expatriado

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Muchos expatriados son ingenieros que trabajan sin fronteras porque no existen buenas oportunidades profesionales para ellos en sus países de origen.

“Marcharte al extranjero es un tren que va muy rápido, al que cuesta montarse pero que te llevará a lugares de ti mismo que te sorprenderán.” Son las palabras de Raúl Velasco en un reportaje del periódico El País del octubre, 2013. Por aquel entonces, este expatriado español todavía se encontraba en Holanda, feliz con las grandes ventajas que le había traído su decisión para salir de su zona del confort y emprender una vida profesional en el extranjero. Hoy está igualmente feliz trabajando en Estados Unidos. Y desde allí, comparte con nosotros su experiencia trabajando con persones de diferentes culturas a lo largo de casi una década.

¿Cuántos años llevas en el extranjero? ¿En qué países has trabajado?

Llevo nueve años fuera de España, desde octubre de 2008. Mi primer destino fueron los Países Bajos, más concretamente la ciudad de Eindhoven. Desde Eindhoven, me mudé a Groningen y luego a Maastricht al cambiar de trabajo en dos ocasiones. A comienzos de este año, me mudé con mi familia a Estados Unidos (Houston).

¿Qué impulsa a un ingeniero químico español al extranjero?

En mi caso, yo emigré por decisión propia y no por obligación como desafortunadamente se han tenido que ir muchos de mis compañeros años más tarde. Una vez dicho eso, creo que España tiene una estructura económica que no hace nada fácil encontrar trabajo a personas con con un perfil científico o tecnológico. Desafortunadamente, la ganancia a corto plazo premia sobre la inversión a largo plazo. Por eso, desde muy pronto en mis estudios, estaba decidido a emigrar si quería desarrollar plenamente mi carrera profesional como ingeniero químico. Desde mi ignorancia, siempre pensé en Suecia, Finlandia o Noruega como mis destinos ideales para hacer un doctorado. Años después me di cuenta de que el doctorado no era exactamente lo que buscaba y que los países escandinavos no tienen un tejido industrial químico tan desarrollado como otros países. Así que al final, fue Holanda la que me recibió para hacer un máster.

Los expatriados encuentran grandes retos pero también grandes ventajas.
Raúl Velasco en su reportaje del periódico El País durante su estancia trabajando en Holanda.

La preparación de un ingeniero químico español ¿es igual, mejor o peor que la de sus homólogos de otros países? ¿En qué sentidos?

Tal vez haya cambiado desde que me gradué en 2006, pero creo que la universidad en España tiende a ser mucho más teórica que en otras partes del mundo. Al menos esa fue mi impresión cuando estudié en Escocia y en los Países Bajos. Esa mayor carga teórica tiene sus aspectos positivos y negativos (como todo en esta vida). Creo firmemente en que una buena base teórica es imprescindible para el futuro profesional. Al fin y al cabo, “vender humo” no te llevará muy lejos. Debes tener bases sobre las que construir tu carrera. Sin embargo, creo que la universidad española debería equipar a los estudiantes con una mayor capacidad para resolver problemas. Y para ello, necesita dar libertad a los estudiantes para que resuelvan problemas de manera creativa, sin seguir una “receta”. Necesita crear ambientes que se parezcan a lo que te vas a encontrar en tu puesto de trabajo: trabajo en equipo, búsqueda de recursos (dónde y cómo encontrar la información que necesitas) así como la capacidad de lidiar con la incertidumbre. Hay veces que por el bien del progreso del proyecto en el que trabajas debes asumir que te falta información, hacer una estimación razonable y seguir adelante. En resumen, creo que la universidad española debería ser menos paternalista (con la buena intención de todo padre) y debería incentivar un poco más el espíritu emprendedor de sus estudiantes.

Pensando en los ingenieros de España en general ¿hay algo que les falta en cuanto a habilidades, a la hora de trabajar en el extranjero?

Al margen de la habilidad para resolver problemas de una manera práctica que he comentado antes, creo que deberíamos trabajar un poco más las habilidades sociales o “soft skills” como dicen los anglosajones. Por eso creo que la labor que haces es tan interesante. A pesar de que nos gustaría que fuera de otra forma, la industria española no está preparada para recibir el número de ingenieros que se gradúan cada año. Nuestra economía se basa en los servicios y no en la industria. Por lo que muchos ingenieros se verán abocados a emigrar a otros territorios. Una vez fuera, nos damos cuenta que gente de diferentes culturas afronta el trabajo en equipo de distinta forma. Debido a nuestra falta de exposición previa, pensamos que son los demás los que tienen un problema. La realidad es que ambas formas de trabajar pueden ser aceptables y lo que debemos aprender es a adaptarnos a esas diferencias. Puede sonar algo extremista, pero creo que el programa Erasmus debería ser obligatorio para todo el mundo. Incluso, aquellos cuya ambición es no dejar España, se aprovecharían de una experiencia con otras culturas.

Los expatriados tienen grandes ventajas profesionales trabajando en proyectos a nivel global y multinacional.

A la hora de trabajar con personas de otros países/culturas: ¿cuáles son los mayores retos en general?

Creo que hay dos ejes que pueden provocar fricciones al interaccionar con otras culturas: practicidad vs detallismo y consenso vs jerarquía. Diferentes culturas, principalmente por el tipo de educación académica recibida, enfocan la solución de problemas de manera distinta. Los hay que quieren tener atado hasta el último detalle mientras que hay personas que no necesitan entender hasta el último detalle para proceder. En mi opinión, personas educadas en culturas más emprendedoras como por ejemplo Estados Unidos tienden a seguir más esta última vertiente. Creo que la aceptación de que “de los fallos se aprende” tiene mucho que ver con este acercamiento hacia la resolución de problemas.

Por otro lado, está el proceso de toma de decisiones. En algunas culturas como la holandesa, las decisiones se deben tomar por consenso. Deberás convencer de tu posición al mayor número de gente para que tu idea sea exitosa. Este proceso puede ser muy laborioso pero una vez conseguido ese consenso podrás proceder a gran velocidad puesto que tienes a todo el mundo de tu lado. Los holandeses tienden a ser muy proactivos por lo que siempre quieren que su voz sea escuchada, independientemente de su rango jerárquico. En otras culturas, como la india o la estadounidense, las decisiones suelen ser tomadas por aquella persona que ha sido designada como “el jefe”. Se confía en que aquellas personas sobre las que ha recaído esa responsabilidad están mejor preparadas para tomar la decisión adecuada.

Una vez que consigues “leer” estas diferencias, tienes ganada una gran parte de la batalla.

¿Y las grandes ventajas?

A medida que he ido ganando experiencia laboral, me he dado cuenta de que en un equipo de trabajo debes tener un poco de todo, no sólo aquello que consideras más afín a tu forma de trabajar. Necesitas a los emprendedores porque sin ellos ninguna nueva idea saldría adelante pero también necesitas al detallista para que te advierta de los riesgos a minimizar. Puesto que cada persona tiende a tener una manera de trabajar dominante, rodearte de personas con distintas perspectivas siempre hará que el resultado final sea mucho más rico: algunos contribuirán más al principio de un proyecto, otros al final, pero todo el mundo será necesario.

Vamos a pensar en el jefe ¿cómo puede ser cambiar el rol de jefe de un país a otro? ¿Notas una diferencia entre los jefes de culturas más jerárquicas y otras más igualitarias? ¿Cuál ha sido tu experiencia?

Como he comentado anteriormente, un jefe indio trabajando en Holanda tendrá que adaptarse para sobrevivir. Y si lo hace, será increíblemente exitoso (este ejemplo lo he visto en la vida real) puesto que complementará las cualidades de su equipo holandés de trabajo. A través de un liderazgo bien enfocado, será capaz de transmitir una visión de cómo hacer las cosas respaldada por una organización eficaz e implicada en la toma de decisiones. Si, por el contrario, se trata de “exportar” el modelo de liderazgo sin adaptarse al entorno, rápidamente su equipo se desmoralizará y el ambiente se volverá tóxico.

Como expatriado español trabajando con personas de muchas nacionalidades:

¿Cuáles son las culturas más “fáciles” desde el punto de vista español? ¿por qué?

En mi experiencia, tanto las culturas mediterráneas (Italia, Grecia, Turquía) como las sudamericanas son las más afines a nuestra forma de trabajar. No es de sorprender que, si vivimos de una manera similar, trabajemos de una forma similar. Tampoco hay que menospreciar el hecho de que hablar el mismo idioma facilita mucho la comunicación. En muchos casos, los problemas provienen de no saber comunicar un mensaje de manera adecuada. Esto es mucho más fácil si ambos interlocutores dominan de igual manera el idioma de comunicación.

Habiendo dicho esto, quiero recalcar que trabajar con personas afines a ti no tiene por qué dar los mejores resultados. Sin duda será la situación en la que trabajes más cómodo pero muchas veces tienes que salirte de esa posición de confort para aprender y mejorar.

¿Y cuáles crean más “choque cultural”? ¿por qué?

Hablando desde mi propia experiencia es difícil como español adaptarse a la “crítica constructiva”. Culturas como la holandesa valoran mucho el “feedback” como manera de mejorar y para ellos el feedback es bidireccional: te pido tu opinión sobre lo que hago, pero también tengo la responsabilidad de decirte mi opinión sobre lo que haces para que puedas mejorar. Si ese feedback se expresa de una manera directa (como la holandesa), como español y por naturaleza menos directo muy fácilmente te sentirás ofendido. Pues bien, abraza ese feedback como una oportunidad y no como una agresión personal. Todos saldréis ganando.

El choque cultural es un fenómeno real para el expatriado trabajando en el extranjero con diferentes culturas.

Para el ingeniero químico español, o quizás cualquier ingeniero de España, que está pensando en lanzarse al extranjero ¿qué tipo de preparación previa le recomiendas?

Un buen manejo del idioma del país de acogida es fundamental. No sólo facilitará tu vida profesional, sino que te permitirá integrarte más rápidamente en tu nueva sociedad. Te hará sentirte menos diferente y al final todos queremos y necesitamos ser parte de un grupo.

Si aún estás en la universidad, haz un Erasmus. Si has acabado la universidad, viaja al extranjero. Si te haces deporte por tu cuenta, apúntate a un equipo. Si tienes un grupo de amigos músicos, vete a tomarte algo con ellos – hablan diferentes “idiomas”, ven la vida de una forma distinta. En resumen, sal de zona de confort y aprende a adaptarte.

¿Qué cualidades personales debería tener para triunfar fuera de su zona del confort?

Adaptación o como decía el anuncio: “be water, my friend”. Mucha gente piensa que adaptarse o comportarse de una manera distinta con distinta gente es ser falso. Yo creo que no es así: puesto que los demás no son iguales a uno, debemos encontrar un punto medio en el que ambos estamos cómodos. En la vida personal uno puede elegir las amistades, sin embargo, en el trabajo no se tiene esa posibilidad así que cuanto antes te adaptes a trabajar con todo tipo de gente, menos frustraciones te llevarás.

Seguro que en los años que llevas fuera de España, has visto a muchos expatriados (españoles y de otras nacionalidades) que no se han adaptado a su país de destino: o se han refugiado en guetos de expatriados o han vuelto a casa antes de terminar su contrato. ¿Cuáles son algunos de los errores que contribuyen a la falta de adaptación o el fracaso del expatriado?

En mi opinión hay varios. Por ejemplo, querer juzgar al país de residencia bajo el rasero de cómo se hacen las cosas en España. Sobre todo, en cuestiones burocráticas que uno no puede cambiar, es mejor pasar página y olvidar cómo se hacen las cosas en España. Otro “factor de riesgo” es vivir en el extranjero con un pie en España. Me explico: mucha gente piensa que su estancia en el extranjero es temporal que “cuando las cosas mejoren en España volveré” por lo que nunca llegan a establecerse en su nuevo país, no establecen lazos estables porque están de paso. No se echan novia, no estudian una carrera o no aprenden el idioma porque saben que volverán. Pues bien, tal vez eso no ocurra y después de un tiempo te darás cuenta de que viviste la vida a medias por algo que nunca llegó.

¿Qué papel podría jugar la empresa, en tu opinión?

Las empresas deben ser conscientes del periodo de adaptación que requiere llegar a un nuevo país por lo que el nivel de exigencia profesional nada más llegar debería ser más bajo hasta que el empleado se estabilice. Si es necesario, debería facilitar cursos del idioma del país de acogida. En muchos casos, ayuda el tener un “coach o buddy” en la empresa que te ayude a solucionar problemas prácticos, pero sobre todo te acompañe en ese periodo de inmersión total en una nueva cultura.

¿Y qué papel podría jugar el propio trabajador?

La actitud lo es todo. Si uno es positivo y se toma los inconvenientes como oportunidades para aprender, habrás dado un gran paso. Además, si nos ponemos en la piel del compañero nativo, es mucho más agradable trabajar con alguien positivo que con un extranjero que lo único que hace es criticar mi país.

Y última pregunta ¿Cómo te ha cambiado como persona de experiencia de vivir y trabajar tantos años en el extranjero?

Ahora soy mucho más empático, entiendo mejor otros puntos de vista. Soy menos extremista en ciertos temas porque he entendido el contexto y los condicionantes que hacen a las personas hacer lo que hacen.

 

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